Un mundo para todos - AMAGI Desarrollo Humano
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Un mundo para todos

Un mundo para todos

Por José Luis Escorihuela

Estoy seguro que algunas personas pensarán que no tienen nada que cambiar, que están bien como están, que ya tienen todo lo que necesitan y que son felices. Está bien, siempre que la respuesta sea sincera. Pero entonces entra en juego la segunda pregunta: ¿es posible estar bien mientras tanta gente en el mundo está mal, mientras nuestro entorno natural se degrada continuamente? ¿es posible estar bien cuando tenemos miedo de perder lo que tenemos, de ser lo que somos? Ya he dicho antes que he aprendido a ser feliz en un mundo de injusticia ambiental y social, pero eso no quiere decir que lo acepte o que me resigne a ello. No creo que se pueda estar bien si vivo con miedo, o si no hago nada para cambiar la situación. Por eso pienso que el cambio social es necesario, pienso que debemos cambiar nuestra forma de vida colectiva y buscar, explorar, proponer otras formas de vida que cuiden mejor de la gente y de la Tierra, que eliminen gran parte de nuestros miedos, que nos permitan ser colectivamente más felices.

Mi cambio personal me ha llevado a descubrir la comunidad como la mejor forma de vida para satisfacer mis necesidades, para facilitar mi crecimiento, para explorar con apoyo y cuidado mis límites y barreras. Pero además, la comunidad no es una propuesta individual, es una propuesta de cambio colectivo, una forma de vida que recoge gran parte del saber y experiencia que el ser humano desarrolló durante miles de años junto con gran parte del saber y experiencia que el ser humano ha desarrollado en los últimos años. No se trata en ningún caso de volver a las comunidades primitivas, se trata de descubrir y explorar una nueva forma de vida en comunidad que recoja lo que ya somos, individuos con un gran potencial, y nos permita desarrollar colectivamente ese potencial, crear las condiciones para que todos podamos dar lo mejor de nosotros mismos y alcanzar la plenitud. Y cuando digo todos, entiendo todos los seres humanos, entiendo todos los seres vivos, entiendo todos los espíritus de las cosas, del agua, de los ríos, de los bosques, de las montañas, de los cielos… que pueblan este maravilloso planeta llamado Tierra.

Una comunidad sostenible

La comunidad que viene será una comunidad sostenible, una comunidad que sabe mantenerse en el tiempo, e incluso mejorar con el tiempo; que crece en calidad, aumentado la diversidad y riqueza del entramado de relaciones que conectan los seres humanos y a éstos con el entorno, pero que limita su crecimiento cuantitativo para no agotar los recursos disponibles; una comunidad que reconoce el precario equilibrio que caracteriza todos los ecosistemas vivos y que no sólo no hace nada por perturbarlo, sino que se esfuerza en restaurar en la medida de lo posible gran parte de los daños causados en el pasado; una comunidad que honra la vida presente y futura sobre el planeta.

 

Sin amor, la comunidad no sobrevive al conflicto

Para que una comunidad de individuos se mantenga, se necesita un factor aglutinante, un “pegamento” que mantenga juntas a las personas cuando las cosas van mal, que evite la dispersión en caso de conflicto, que asegure un mínimo de cohesión y compromiso.

Hoy pienso que no puede haber una comunidad sostenible sin que el amor, en un sentido muy amplio del termino, sea el principal ingrediente que circula y nutre la red de relaciones que tejen los individuos que la forman. Dudo que el interés propio, el egoísmo o la ambición puedan sustentar nada, ni basta con tener buena voluntad ni un fuerte deseo de vivir en comunidad. Hoy pienso que el amor, entendido como una energía que nos lleva a conectar a un nivel profundo con otros seres, un nivel que va más allá de las palabras que no entendemos o rechazamos, que alcanza emociones y sentimientos que hacemos propios sin ser nuestros, y que yendo más lejos, llega a crear un mágico espacio de encuentro donde, juntos, nos sentimos cómodos, seguros, unidos, es la energía fundamental que sustenta la comunidad.

 


Fuente: Escorihuela, (2008): Camino se hace al andar. Del Individuo Moderno a la Comunidad Sostenible. Manual para transicioneros, España, EDITORIAL NOUS.

 

José Luis Escorihuela, ‘Ulises’, es facilitador profesional y educador en temas relacionados con la sostenibilidad social. Licenciado en Matemáticas (Universidad de Zaragoza) y Filosofía (Universidad de París-Sorbona), Postgrado Internacional en Resolución de Conflictos (UOC), es miembro fundador del Camino del Élder. Miembro activo del Instituto Internacional de Facilitación y Cambio (IIFACe) y de Gaia Education, trabaja actualmente como facilitador y consultor de alcance internacional. Es el coordinador académico del master Diseño de Sistemas Integrados para la Sostenibilidad, GEDSiS, que ofrece la Universitat Oberta de Catalunya, UOC; y del curso de posgrado sobre Facilitación de grupos, ofrecido por la Universidad de Zaragoza, además de impulsor de otros cursos intensivos de facilitación y diseño sostenible en España y varios países latinoamericanos. Autor de numerosas publicaciones y libros.
Web: www.elcaminodelelder.org

 

 

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