Objetivos de Desarrollo Sostenible y sus implicaciones para la responsabilidad de las empresas ante la sociedad. - AMAGI Desarrollo Humano
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Objetivos de Desarrollo Sostenible y sus implicaciones para la responsabilidad de las empresas ante la sociedad.

Objetivos de Desarrollo Sostenible y sus implicaciones para la responsabilidad de las empresas ante la sociedad.

¿Qué pueden/deben hacer las empresas?

Por Antonio Vives

 

 

 

Papel de las empresas en el logro de los ODS

A pesar de las dificultades derivadas de los ambiciosos y desenfocados ODS, a pesar de no estar dirigidos explícitamente a las empresas, estas pueden y deben tomarlos como guías para las acciones que puedan/quieran emprender como parte de su responsabilidad ante la sociedad dirigida a potenciar sus impactos positivos e identificar otras acciones a emprender fuera de su contexto tradicional.  Así como el Pacto Mundial sirvió como listado ilustrativo para guiar algunas de las acciones de las empresas, los ODS también podrán hacerlo y darle contexto a su comunicación. En las 169 metas, hay para todos los gustos.

Pero la pregunta clave para juzgar el impacto de los ODS es  “¿que habrían hecho las empresas si no existieran los ODS?  La experiencia con los Objetivos de Desarrollo del Milenio, ODM, puede servir de guía, ya que si bien no tenían a las empresas como objeto de los objetivos (valga la redundancia), algunas se asociaron espontáneamente y la respuesta a aquella pregunta parecería ser que “no mucho”, que fueron usadas más como instrumento de ganarse el favor de la sociedad: “De lo que hemos hecho, miremos que se puede decir que lo hacemos en apoyo a los ODM y reportémoslo como tal. No se puede generalizar, habrá habido empresas que no tenían entre sus planes contribuir a los ODM más allá de hacer lo que venían haciendo y otras a las que estos las estimularon a intensificar o expandir sus actividades. Pero estas serían las empresas de los extremos, las que no estaban haciendo mucho o aquellas más ilustradas.

Claro está que hacer una contribución tangible al desarrollo sostenible no está al alcance de todas las empresas. Son pocas las que pueden hacer un impacto notable y son pocas las que tienen los recursos gerenciales como para incorporarlos en sus estrategias de sostenibilidad. Esto posiblemente esté limitado a las grandes multinacionales y algunas empresas que por su envergadura o por el tenor de sus actividades (sectores de salud, educación, alimentación, etc.) estén en condiciones de hacerlo. Y aquí nos referimos a esfuerzos incrementales, a actividades que no se han estado haciendo o que no se iban a hacer de todas maneras. Es muy fácil, y es una reacción natural de las empresas, que cuando se les exigen intervenciones en ciertas áreas hacen un inventario de sus actividades que puedan ser imputadas a esas exigencias y así darlo por cumplido. Sí, las grandes empresas ya están actuando en las metas de los ODS como parte de su negocio normal pero la expectativa sería que los ODS las estimule a contribuir aún más.  Es la “adicionalidad” lo que cuenta, lo que se hacer, no la imputación ex post de lo se ha hecho en el pasado.

Para algunos los ODS proporcionan un marco de referencia para la innovación y para identificar oportunidades de inversión y de actuación. El suscrito es más escéptico o más optimista con respecto a la creatividad de las empresas y no cree que la inteligencia estratégica de las empresas (sobre todo las grandes) necesite de los grupos de trabajo de la ONU para identificar oportunidades de negocios. No obstante, es posible que indiquen áreas de inversión del sector público donde algunas empresas puedan participar, por ejemplo en infraestructura social

 

Apoyo para las empresas

Aprendiendo de la experiencia no tan fructífera de los ODM, esta vez se incorporó al sector privado en las deliberaciones y se lo quiere involucrar en el logro de los ODS.  Sabiendo del escepticismo de las empresas, de la complejidad y dificultad que presentan, la ONU junto con el GRI y el World Business Council for Sustainable Development, WBCSD (organización que agrupa a más de 200 de las mayores empresas del mundo en la promoción de su responsabilidad social y del desarrollo sostenible) ha producido una “brújula” para orientar a las empresas el   SDG Compass; Guide for business action on the SDGs (Brújula de los ODSs: Guía para la acción de las empresas en los ODS). Fundamentalmente la guía recomienda un proceso de implementación de cinco etapas: (1º) Entender lo que quieren decir los ODSs para la empresa; (2º) Analizar las posibilidades para la empresa y establecer prioridades; (3º) Establecer un programa de acción, indicadores y anunciar el compromiso; (4º) Integrar el programa en la empresa; (5º) Reportar y comunicar.  La clave para el programa es anunciar el compromiso y después reportar. Es este sentido sería como un “Súper Pacto Mundial” aunque sin tener que firmar la carta de adhesión.

Esta brújula de los ODS debería constituir el marco de referencia para que las empresas establezcan sus estrategias de involucramiento en los ODS. 

Esta es una de las iniciativas tendentes a facilitar la participación de las empresas en el logro de los ODS. Es de esperar que en los próximos meses y años, estas iniciativas proliferen. Posiblemente habrá demasiadas. Los ODS contribuirán al desarrollo sostenible de las firmas de consultoría y los organizadores de eventos.

 

¿El Súper Pacto Mundial?

Pero la clave, como en el caso del Pacto Mundial, es ¿quién le hace el seguimiento, cuáles son las consecuencias? Como mencionábamos, la Brújula de los ODS sugiere anunciar compromisos y reportar sobre sus avances. Las empresas deberían reportar públicamente, en sus informaciones sobre sostenibilidad, sobre sus compromisos en el corto, mediano y largo plazos y reportar periódicamente sobre el progreso en términos de impactos, no solo de recursos comprometidos o resultados obtenidos.  ¿Qué cambios se han logrado en el desarrollo sostenible?

Esto es lo que ya hacen algunas empresas, lamentablemente muy pocas, en sus metas de sostenibilidad, aunque solo a nivel de indicadores, no de impacto. Hay una reticencia natural de las empresas a comprometerse,  en algunos casos debido a las posibles consecuencias legales y en otros simplemente porque quieren mantener a toda costa la flexibilidad de la gestión.  Ojalá estos compromisos fueran legalmente vinculantes y no solamente expresiones de buenas intenciones. En esto se podría usar el modelo de las empresas por beneficios, que se comprometen, legalmente, a balancear beneficios financieros y sociales.

El problema con todas estas iniciativas como el Pacto Mundial, los ODM y ahora los ODS es que tienen beneficios y costos muy asimétricos. Tienen beneficios reputacionales por participar, por figurar, pero como no implican obligaciones, o las obligaciones son consigo mismos no hay costos de incumplimiento.  Estas iniciativas, para ser efectivas, más allá de las buenas y honestas intenciones de algunas empresas necesitan la presencia y activismo de una sociedad civil comprometida, activa y con recursos, de instituciones de seguimiento y control más allá de los patrocinadores de los ODS. 

Y esto debería venir acompañado (¡utopía!) de instituciones de la sociedad civil que hagan el seguimiento y control público de estos compromisos y su cumplimiento.

Que pueden/deben hacer las empresas

A pesar de estas dificultades con los ODS las empresas no deben lavarse las manos y decir que no les competen o que si les competen no pueden hacer nada porque son objetivos difusos o porque nadie se entera.

Usemos como ejemplo el único objetivo que tiene una meta específicamente dirigida a las empresas, el Objetivo 12   “Garantizar un consumo y patrones de producción sostenibles” (¿de quién es la responsabilidad de garantizar?) cuya meta 12.6 que dice: Alentar a las empresas, en especial las grandes empresas y las empresas transnacionales, a que adopten prácticas sostenibles e incorporen información sobre la sostenibilidad en su ciclo de presentación de informes (¿basta con alentar?). Una parte del objetivo está dirigida a las empresas, lo que comentamos a continuación, y la otra a nosotros los individuos consumidores que comentaremos en la siguiente sección.

La meta es tan general que incluye todo tipo de actividades relacionadas con la responsabilidad de la empresa ante la sociedad: “que adopten prácticas sostenibles”. No proporciona guías para la acción, no añade nada. Antes por el contrario, hace aparecer como si esa responsabilidad se evacuara con “algunas prácticas”, en vez de pedir que asumieran la responsabilidad por sus impactos como pide la Unión Europea, que es un lenguaje igualmente sencillo pero más incluyente, más cerca de la responsabilidad total que la sociedad debe exigir. Todavía faltaría por exigir que hagan todo el bien que puedan, que busquen, proactivamente impactos futuros (negocios inclusivos, desarrollo económico local, etc.), más allá de la responsabilidad por impactos pasados y presentes. En cuanto a que “incorporen información sobre sostenibilidad en su ciclo de presentación de informes”, tampoco añade nada a las prácticas habituales.  Se puede decir que la gran mayoría de las empresas podrán decir que han contribuido a la meta 12.6 sin hacer prácticamente nada nuevo, sin que ello quiera decir que el mundo es más sostenible. Habrán adoptado algunas prácticas y reportado sobre ello.

Si el objetivo es que “hagan más cositas”, entonces la guía para la acción son los otros objetivos y metas. No es posible ser exhaustivo en el análisis y en este sentido no cabe más que recomendar que se sigan los cincos pasos de la “Brújula de los ODS”.  Cada empresa es diferente, opera en un contexto diferente y asume una responsabilidad ante la sociedad diferente. Cada una determinará en lo que puede contribuir, presumiblemente dentro de sus líneas de negocios. Lo que debe quedar claro es que ello no implica salirse de su estrategia de negocios, se trata de informar esa estrategia con la amplia visión que aportan los ODS y adaptarla. Sería un grave error, aun para las empresas grandes, tratar de hacer de todo con tal de decir que contribuyen al logro de los objetivos.

No vale la pena analizar cada una de las 169 metas para ver donde pueden actuar las empresas. Hay tal variedad de empresas en el mundo y tales son sus necesidades que no hay duda de que siempre se encontrarán posibilidades de contribuir. Pero lo importante es hacerlo donde este alineado con la estrategia, capacidades y posibilidades de la empresa. En resumen, no crea en las prioridades de otros.  Analice su empresa, su contexto, sus posibilidades, sus capacidades y decida en que puede/debe contribuir. Y hágalo donde pueda tener impacto y pueda hacerlo de forma consistente y sostenible en el largo plazo. 

 

¿Qué podemos y debemos hacer nosotros?

Es muy fácil decir que la responsabilidad la tienen los demás, pero de la lectura de este artículo le debe de haber quedado claro al lector que nosotros, las personas, como individuos, como consumidores, como miembros de organizaciones de la sociedad civil, como funcionarios públicos, como empleados o dirigentes, etc. somos los que tenemos la responsabilidad en el logro del desarrollo sostenible.  A fin de cuentas son las personas las que tomas las acciones y decisiones, claro está que dentro de un contexto de reglas de juego, pero podemos usar nuestra libertad de selección para contribuir desde dentro de las instituciones (empresas, gobiernos, medios, centros educativos, ONGs, ets.) y sobre todo como consumidores, favoreciendo las empresas que asumen sus responsabilidades ante la sociedad y lo informan. El consumo responsable cae sobre nosotros. Pero para ello necesitamos también gobiernos, medios de comunicación e instituciones de la sociedad civil responsables y activistas que diseminen esta información.

 

En resumen

Los ODS ofrecen una ambiciosa, aunque lamentablemente desenfocada, guía para las empresas que quieren reconsiderar cuál es su responsabilidad ante la sociedad y tomar acciones.  Las 169 metas son tan amplias que hay para todos, pero de allí el riesgo de tentar a las empresas a involucrarse en actividades donde no tendrán impacto, donde no tienen ventajas comparativas.  Las empresas deben analizar su estrategia de negocios y de responsabilidad, el contexto en que operan, sus capacidades financieras y gerenciales y contrastarlo con las necesidades que plantean los ODS y decidir que pueden hacer.  Algunas empresas, las más avanzadas, a lo mejor podrán ir más allá de adaptar sus estrategias, ampliándolas y expandiendo su campo de acción.  Pero estas son pocas.
Y nosotros, como consumidores, empleados, dirigentes, funcionarios, políticos, académicos, etc. debemos ejercer nuestro poder para exigir comportamientos responsables e información sobre ellos……. Y consumir responsablemente.

Antonio Vives es Socio Principal de Cumpetere. Profesor Adjunto, Stanford University. Ex miembro de los Consejos Asesores de Sostenibilidad de CEMEX y Abengoa, y ex-miembro de la Comisión Asesora en Infraestructura del estado de California. Ex-Gerente de Desarrollo Sostenible del Banco Interamericano de Desarrollo. Creador de las Conferencias Interamericanas sobre RSE. Autor de numerosos artículos y libros sobre RSE.

Web: www.cumpetere.com

Blog: www.cumpetere.blogspot.com

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